martes, 23 de junio de 2015

El ojo del camino.

El ojo del camino. Foto: Katty Alexandra.




Dio el paso, dio espera, dio abrazo, palabras plenas, dio silencio, dio camino, dio mañana y madrugada.

Dio lágrimas que corrieron como un río incontenible de agua y de viveza.

No siempre se llora cuando se está triste, se llora cuando se descubre el amor, el enigma de la existencia.


Cuando se llega ahí, al éxtasis del alma, cuando el espíritu canta es inevitable una lagrima y una sonrisa frente a lo contemplación de lo sublime. 

Entonces se es más ligero a medida que la luz brota en un camino como un ojo que nos mira y nos observa.

(Katty Alexandra)

martes, 26 de mayo de 2015

El tiempo de cada cual. El río y el animal.
Pintura en una fachada de un museo en Paris. Artista: Médéric Bobbin, 2007.


El curso va con su río creando meandros, siguiendo su cuerpo de mujer.

Su corporeidad sinuosa se desplaza en la selva de sus emociones, mientras en su interior aguardan los torbellinos de su alma.

Ellas rugen al vaivén de sus fieras, que por instantes se reflejan en su superficie cuando avanza.

Más quien sin detenerse solo la contempla, no denota sus señales de cambio; solo escucha el tierno alcance del vaivén de sus palabras.

Los animales que en su interior avanzan, ven dentro del río de una mujer se reúnen - el amor y el deseo - ocasionando su fuerza la forma de sus riberas.  

Este río dibuja en la tierra las letras de su canto, y encarna su alegría en las risas de peces.

El rugido de sus fieras juguetea en ella, en medio de las burbujas de sus emociones.

Llama el río al delfín que con la sabiduría de varias épocas avanza, en la confluencia de las aguas.

Entre tanto ella anhela el momento exacto de su  mezcla, extrañando su sal, procurándole entregarle a él la miel en el oceáno.

Katty Alexandra.

lunes, 6 de abril de 2015

Ligero de equipaje.



Se anda ligero de equipaje, cuando es el corazón el que enciende la llama que ilumina, el camino oscuro que poco a poco se divisa, adornado de destellos profundos de vida.

Se escucha entonces al lado susurrando, el melódico latido y suave aleteo de los ángeles, que desde el nacimiento nos han acompañado.

Ya lo decía el poeta Antonio Machado; “…Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira; cambian la mar y el monte y el ojo que los mira…”

Atenta al vuelo voy en la incertidumbre total de quien por intuición lo empieza.

Con la seguridad del movimiento que otorga el agua que baña en su paso al caminante.


Con la confianza que con ansia busca la respuesta al motivo de su viaje…

(Katty Alexandra).

domingo, 22 de marzo de 2015

La sincronización del corazón.

Titulo de la Obra: Mandala of heart. Artist: Alice Mason.


Pareciese el corazón latiera sin descanso, mas entre cada sístole y diástole existen efímeras partículas de segundos donde se mantiene inmóvil.

Es en esa pausa invisible donde se teje una línea tenue , que nos separa de la vida o de la muerte.

  Son esos espacios imperceptibles los que nos mantienen a su vez unidos con la tierra y una estrella del universo.

Damos por hecho la vida, más ignoramos la magnificencia de nuestro corazón y que en un momento volverá a su origen.

Solo cuando una mano se posa en nuestro pecho, sentimos su cabalgata; ese motor sublime de nuestra existencia.

Nuestro ritmo se acelera ante la sorpresa, la angustia o una súbita alegría, no obstante el corazón cada emoción la diferencia y la interpreta, originando en cada caso una particular canción.

Cuando el latido es sincrónico navega en el curso de su intuición, siguiendo la melodía del amor que canta y comunica su razón de ser, haciéndose poderoso e imparable.

Es capaz entonces de seguir su propio y particular sonido, rodeándose de corazones que en compañía le acompasan – como si fuesen una gran orquesta  creando melodías – conformándose en el agua que emanan cristales y en su sangre un fluido perfecto.


Los corazones sincrónicos adquieren alas y vuelan, adquiriendo los ojos de las águilas y la certeza de la luz de su propia alma y de las que le acompañan.

(Katty Alexandra)

domingo, 15 de marzo de 2015

La paciencia, la ciencia de la Paz. 
(palabras de un maestro).

Mandala en la naturaleza. Imagen tomada de: https://virgiliotovar.wordpress.com.


Dialogando con un maestro le comentaba de mis angustias, miedos, ansiedades y demás… el solo me miro sonriendo y me dijo:

- “Practica la paciencia, la ciencia de la paz”.

Reflexione y pensé:

-          Cuantos sufrimientos me hubiese ahorrado,  si hubiese  contado con la paciencia que otorga la sabia espera.

-          Cuantos latidos hubiese amorosamente comprendido, entendiéndolos según la procedencia de cada ser.

-          Tal vez hubiese estado más atenta a cada percusión perfecta de cada ser que amo, comprendiéndolos y entendiéndolos como únicos.

-          Si tan solo hubiese entendido que el  tiempo es individual; un ciclo compuesto de ondas que se expanden, desde el pensamiento más diminuto hasta llegar al puerto de su acción.

-          Entonces sería más amorosa, conmigo misma y con los demás.

- Comprendería cada efecto ocasionado por las acciones que precedieron a las palabras – solo turbadas por la impaciencia – .

- Solo es necesario darles el compás de la espera, para que se mesan calmadamente en el agua de mis emociones.

-          Así sin aceleramientos, las consecuencias de su paso, llevarían solo la fuerza o sutileza necesaria que envuelve cada encuentro o desencuentro de silabas procedentes de diferentes almas.

-          Llegaría a ser capaz de escuchar el mensaje emitido por cada latido - y el valioso instante de sus silencios -.

-          Escucharía sin premura la caricia musical y vital de cada corazón, incluyendo el mío.

- Sería capaz de interpretar las burbujas de mi propia sangre y los sonidos que ocurren en el interior de mis espacios afectivos.

-    Buscaría ser más armónica elevándome en el viento, como un grano de arena, entregándome sin tantos titubeos a esa corriente interna, que con sabia guía nos indica el camino de nuestra valiosa intuición.


La paciencia es como una ciencia, una invitación a que confiemos en el poder del amor sin prisa, pero que esta ahí y siempre llega, de otros y de nuestro poderoso corazón.

(Katty Alexandra).

viernes, 6 de marzo de 2015

La tormenta y el atardecer



Después de un día cálido se desató sobre el valle una tormenta, dando origen a un río que bañaba las laderas que le rodeaban.

El atardecer pacifico aguardaba el paso de la lluvia, esperando y respetando el momento de la torrencial y la existencia de cada uno.

- En la naturaleza todo tal cual ocurre es perfecto -, le dice un sabio a una aprendiz; que asustada se encuentra  al descubrirse en medio de los propios rayos que desencadena el agua de sus desafíos y miedos que al superarlos darán origen a su propio caudal.

Katty Alexandra
Encuentro de humanos.


¿Y si fuese cierto aquello que dicen los sabios, que en nosotros siempre ha habitado lo femenino y lo masculino?.

Quizás siempre hemos habitado fusionados en nuestra propia agua, y así hemos deambulando por la tierra.

Hemos volando en el aire de nuestros sueños de sentimientos y calentando bajo el fuego de esa energía esférica y espiral que nos mantiene vivos.

Quizás así nos explicaríamos porque nuestros ojos brillan como un par de estrellas que siempre han habitado juntas y de una buena vez nos sentiríamos completos.

No le otorgaríamos tanta carga al otro, por nuestro propio miedo a trabajar aquello que nos genera aflicción y que solo es personal.

Sería el otro un compañero, un mundo entero por navegar y nos sumergiríamos en una aventura con cada humano, llena de encuentros y fantasía, y de igual manera eso seríamos para el otro; un recinto profundo con luz y oscuridad.

No existirían días para las mujeres y otros para los hombres y seriamos capaces de regalarle a un hombre una rosa,  sin ese complejo de reconocer su tesoro femenino.

Amaríamos lo masculino de los otros y comprenderíamos sus emociones femeninas trasmutadas en finas lagrimas.

No solo la sensibilidad sería de mujeres y la fuerza de los hombres, reconoceríamos somos completos y el otro sería un universo entero, por amar, descubrir y abrazar.

(Katty Alexandra)